26/01/10

El dispositivo discursivo de la eficiencia por parte de la derecha chilena a la luz de Michel Foucault




La irrupciòn del neoliberalismo 2.0 con el triunfo de la derecha en Chile nos plantea la necesidad de examinar el imaginario colectivo o el sistema simbòlico y cultural que aceptò el discurso de Sebastiàn Pinera en las ùltimas elecciones. Y es que este “neoliberalismo recargado”, como apunta el historiador Gabriel Salazar, ahora surge con un nuevo eje conceptual en su sistema discursivo: la eficiencia en la vida econòmica y administrativa del paìs.
El problema es que la llamada eficiencia pregonada en el discurso pinerista ha desplazado al concepto de equidad que habìa sido instalado durante los diez anos de los gobiernos Lagos y Bachelet. La dicotomìa entre eficiencia y equidad econòmica todavìa muestra un conflicto axiològico al interior de la sociedad chilena, donde aùn no aprecian horizontes de dilucidaciòn, pero que ahora corre el riesgo de desequilibrar las relaciones de dominio en los espacios pùblicos y en la experiencia ciudadana, poniendo en un mismo plano el significado del concepto de eficiencia con la reducciòn del aparato estatal y la desregulaciòn de algunas actividades del mercado.
La pretendida instalaciòn del dispositivo de la efectividad por parte de la derecha en la opiniòn pùblica local esta vez ha encontrado una mayor recepciòn por parte de la ciudadanìa, razòn por la cual propondremos la obra de Michel Foucault “El Orden del Discurso” (1970) como el punto de partida para intentar explicar las causas de su triunfo en funciòn de la practica discursiva sobre la efectividad en la vida nacional. Segùn Foucault, las pràcticas discursivas producen objetos u elementos constitutivos que buscan penetrar en las relaciones culturales a travès de los denominados “objetos del discurso”. Estos objetos son aquellos elementos, ejes conceptuales, dispositivos o artificios, “de los que se habla a todas voces” en un determinado “règimen de existencia”. En el caso de Pinera, la circulaciòn de su orden discursivo gira en torno al objeto de la eficiencia. Ya lo habìa mencionado el ano pasado el director de Adimark y amigo del electo Presidente, Roberto Mèndez: “La gran estrategia de Pinera es ver còmo proyecta su eficiencia”. Algo similar ha planteado el director ejecutivo de JP Morgan, Wladimir Werning, al referirse a la propuesta Pinerista de ampliar el sistema de seguridad social, pues “presume que existen importantes eficiencias en la gestiòn pùblica que no han sido explotadas”.
Y es a partir de este objeto o dispositivo que se inicia la macro circulaciòn discursiva de la derecha a travès de los asesores comunicacionales de Pinera; dirigentes partidistas de la Coaliciòn por el Cambio; Medios de Comunicaciòn y analistas polìticos. De este proceso deriva una micro circulaciòn que se materializa a travès de los seguidores y partidarios del futuro gobierno en sus relaciones cotidianas dentro del tejido social que tienden a relacionarse en las pràcticas culturales o cotidianas de la ciudadanìa, ya sea en apoyo o en oposiciòn al nuevo gobierno. En otras palabras, la circulaciòn del dispositivo de la eficiencia en el discurso de la derecha no debe interpretarse como “irrupciòn en la subjetividad pura” -como afirma Foucault-, sino que debe ser entendida como un espacio de posiciones y de funcionamientos diferenciados por los sujetos. Esta idea es esencial si deseamos comprender los alcances del nuevo eje conceptual en el discurso de la derecha chilena, bajo una construciòn “Foucaultiana”.
Un ejemplo de circulaciòn de los objetos del discurso de la derecha en torno a la idea de eficiencia la podemos identificar en los blogs, como espacios de reproducciòn y legitimaciòn discursiva. En este sentido, tomaremos las ideas expuestas en los blogs del diario La Tercera, donde es posible comprobar la aceptaciòn del concepto eje de eficiencia en cada anàlisis respecto a las ùltimas elecciones. El profesor de Filosofìa polìtica, Gonzalo Bustamente Kuschel, prevè las prioridades de Pinera en “satisfacer todas aquellas expectativas que dicen relaciòn con eficiencia tècnica aplicada a necesidades concretas del paìs y sus ciudadanos. Es el àrea donde uno espera que su gobierno tenga menos dificultades”. “El gobierno de Pinera, de acuerdo a lo manifestado durante la campana, debe ser màs eficiencia pero no de grandes revoluciones, de màs liberalismo y no de retroceso (18-01-10). Asimismo, en el blog del abogado de editorialista de revista Capital, Paula y Mundo Dinner, Hèctor Soto, la eficiencia como objeto del discurso derechista tambièn es aceptada: “Su promesa (Pinera) es instaurar una forma de gobernar en la cual los diferenciales de eficiencia sean capaces de hacer una gran diferencia” .
Ahora bien, cùal es el punto de partida de este nuevo dispositivo discursivo? Es desde la instancia del Estado donde se predente transmitir el ordenamiento discursivo de la derecha, el cual es visto como “la madre de todas las eficiencias”, debido a los efectos reguladores que posee en relaciòn a los demàs espacios de la vida pùblica. Al respecto, el Programa de Gobierno 2010-2014 nos dice: “No somos partidarios de reducir el tamano del Estado. Si somos partidarios de un “mejor Estado”, que estè en condiciones de utilizar en forma màs eficiente los cuantiosos recursos que los chilenos le delegamos para su manejo”. Sin embargo, a continuaciòn, contradictoriamente se afirma: (...) “el Estado no lo puede hacer todo. A diferencia de la Concertaciòn no queremos un Estado gigante y burocràtico, que haga mal lo que no debe hacer y sea incapaz de hacer bien lo que sì tiene que hacer”(Pàg.32). “Se trata de que haya un mejor Estado. Nuestra meta es tener un Estado que ejerza su cometido con eficiencia y con sentido de urgencia” (Pàg. 33) .
Desde la perspectiva de Foucault, podemos apreciar còmo la fuerza discurso de la derecha se enfoca en este dispositivo de la eficiencia que no debe ser entendido como un simple texto a enunciar, sino que debe ser visto como la aplicaciòn de un ejercicio en todos los niveles de pràcticas empìricas o culturales. Foucault afirma que la fuerza del discurso radica en la acciòn que èste ejerce sobre otra acciones. En este sentido, el Estado –como una de las màximas instancias ordenadoras de las experiencias de los individuos- serìa el punto donde se comienza a aplicar este ejercicio de la eficiencia hacia las demàs instancias pùblicas. Es bajo este panorama que debemos entender las propuestas de Pinera de incorporar capitales privados a Codelco y otras empresas pùblicas, debido a que “han perdido eficiencia y productividad”. De hecho, el dispositivo de la eficiencia se transforma, como dice Foucault, en una madeja multilineal que inicia a extenderse y a captar hacia otros espacios. De aquì se entiende tambièn las ideas de Pinera de darle mayor eficiencia energètica al paìs, o de aumentar la eficiencia de los funcionarios pùblicos y en la lucha contra la delincuencia. El dispositivo de la eficiencia, de este modo, viene a ser identificado como la panecea a las problemàticas empìricas con las cualers se enfrenta la ciudadanìa.
Si consideramos la propuesta de la Arqueologìa del Saber foucaultiana, el dispositivo de la eficiencia propuesto por la derecha es abiertamente dinàmico y no presenta una lìnea de correspondencia unilateral hacia la opiniòn pùblica, pues una de sus funciones es trazar distinciones binarias, ya sea en el bloque de gobierno que se prepara a administrar el Estado como aquèl que volverà a sus funciones de oposiciòn polìtica. La eficiencia tambièn deberà ser comprendida en la totalidad de las relaciones cotidianas, en los còdigos culturales de la ciudadanìa, ya que el discurso operan en un juego de fuerzas de “cosas dichas” que se desarrolla en la cancha de las “posibilidades de experiencia” o, mejor, dicho, a travès de los còdigos culturales. Ya hemos visto como estas fuerzas dentro del campo de juego se manifiestan en los roles de analistas polìticos y economistas que han comenzado a circular el objeto o dispositivo de la eficiencia como un rasgo fundamental que advierten del discurso pinerista.

Acaso es negativo o poco recomendable que el concepto de eficiencia se instale con mayor fuerza en las pràcticas discursivas de un paìs en vìas de desarrollo?. Absolutamente no. De hecho, el diagnòstico de agotamiento y desgaste en las pràcticas de las tecnoestructuras de la Concertaciòn es un realidad aceptada tranasversalmente por parte de los actores pùblicos y la opiniòn surgida en los espacios de experiencia de la ciudadanìa. El problema de fondo, sin embargo, es que el dispositivo de eficiencia en el discurso de la derecha esconde una estrategia argumental respecto a la preminencia del mercado por sobre la incidencia del Estado en la sociedad: El mercado es sinònimo de eficiencia por sobre el dispositivo de la equidad que planteaba el Estado. Ello, no significa desconocer la presencia del concepto de equidad en el discurso pinerista, plasmado en el Programa de Gobierno, pero es notable còmo este ùltimo tèrmino pasado ha jugar un rol secundario en relaciòn a la eficiencia.
Y es que la elevaciòn del dispositivo de la eficiencia por sobre el concepto de equidad nos demuestra còmo la derecha pretende ejercer un giro a las condiciones de dominio que habìan sido definidas en los ùltimos veinte anos. Para entender esta nueva situaciòn, debemos ver cuàl es la funciòn del discurso desde Foucault: “La formaciòn de los discursos y la genealogìa del saber deben ser analizadas no a partir de tipos de conciencia, modalidades de percepciòn o formas ideològicas, sino màs bien como tàcticas y estrategias de poder”.
La intencionalidad de hegemonizar el discurso de acciòn polìtica con el eje central de la eficiencia responde a estas relaciones de juego, de dominio y disputa por la definiciòn de lo real o la inducciòn a la verdad ideològica que la derecha pretende instalar como una centralidad a partir del dispositivo de la eficiencia. La carga hermenèutica de este concepto es la idea de que el mercado aumenta las ganancias de sus participantes sin perjuicio de nadie. De acuerdo a la lògica, todos los agentes econòmicos serìan beneficiados gracias a la eficiencia que presupone la reducciòn del aparato estatal y sus funciones regulatorias. De este modo, la eficiencia es la catapulta para el desarrollo del emprendimiento y la innovaciòn, dejando màs espacio a la expansiòn de la actividad privadas sin la presencia de este elefante blanco encargado de poner barreras a la utilidad del capital.
En consecuencia, podemos decir que el tipo de discurso implantado por la derecha encuentra su fuerza y legitimidad en en el tipo de direccionamiento estratègico que la ha otorgado al concepto de eficiencia, anteponièndolo al dispositivo de equidad porque, a primera vista, son pocas los ciudadanos que se oponen al concepto general de la eficiencia como objetivo empìrico, especialmente en una sociedad como la chilena que ha sido bombardeada simbòlica y culturalmente por la oferta del mercado y sus dinàmicas. Eficiencia es sinònimo de competitividad, de conquistar nuevas metas en la vida, algo completamente distinto a la carga hermenùtica que le asigna la derecha a la equidad, la cual es vista como la gran creadora del estancamiento de la vida econòmica, de acuerdo al discurso de Pinera.
Es innegable que el paìs ha mejorado sus estàndares socioeconòmicos en los ùltimos veinte anos, reduciendo la pobreza del 38% al 13,3% y aumentando el ingreso per càpita de US$ 3.500 a US$ 10.000 a nivel nominal, llegando a US$ 14.000 segùn el ìndice de Gini. Pero dichos incrementos cuantitativos se realizan bajo la metodologìa que mide la pobreza de acuerdo a la integraciòn de las personas al dinamismo del mercado, es decir a partir de la adquisiciòn de bienes y servicios. El proceso de constituciòn del ciudadano-consumidor forma parte de las bases en la construcciòn de las identidades sociales para u segmento no despreciable de la sociedad chilena.
El encadenamiento de las expectativas del mayor crecimiento econòmico y de la calidad de vida con el dispositivo de la eficiencia ha generado una inclinaciòn sociocultural hacia la competitividad por encima de la cooperaciòn econòmica. La hegemonìa del individualismo estaba dando gritos de parto para el nacimiento del dispositivo de la eficiencia, ya sea desde la perspectiva de la psicologìa social como de la sociologìa del bienestar. Segùn Foucault, el sujeto o los individuos no son inmunes a la constituciòn de un determinado discurso ya que si èste “consigue algùn poder , es de nosotros de quien lo obtiene”. En otras palabras, el desplazamiento del eje desde la equidad hacia la eficiencia en el imaginario de la vida ciudadana responde a las dinàmicas de retroalimentaciòn creadas por el modelo de mercantilizaciòn en la estructuraciòn de las necesidades de las personas.
Esta realidad es advertida por el liberalismo clàsico chileno que internalizò sin problemas el dispositivo de la eficiencia en su propio discurso: “La conclusiòn (del triunfo de Pinera) es que Chile cambiò. Sì, este ya es un paìs que demanda màs individualismo y menos mojigaterìa, menos control del Estado en la vida de las personas, màs autonomìa, màs independencia de los duenos de la moral y sus agendas valòricas, quines no comprenden los efectos que la sociedad de consumo genera en la siquis de los individuos. Los chilenos quieren consumir màs y pagar menos impuestos, a la vez que desean su autonomìa.(...) Pinera es el presidente de un paìs que ha ganado en confianza en sì mismo y que ahora quiere codearse con las naciones de la OCDE”.
Foucault explica que la construcciòn del dispositivo implica sobreponer una serie de pràticas en un mismo plano. La trìada eficiencia-reducciòn del Estado-desregulaciòn del mercado ha sido planteada por la derecha desde el momento de instauraciòn del meta relato del proyecto neoliberal de los anos setenta. Si a fines de esta dècada, y durante toda la dècada del ochenta, el dispositivo utilizado por el discurso de la derecha fue la cientificidad de la economìa y sus decisiones “neutras y racionales” para resolver los problemas del paìs, despuès de que la Concertaciòn accediera a la administraciòn del Estado, se iniciò una nueva relaciòn de fuerza por el dominio discursivo entre la eficiencia y la equidad. Con ello se demuestra que cada discurso de poder implica una pràctica històrica concreta que generan relaciones de fuerza y resistencia. De esta forma, no serà una sorpresa comprobar el ritmo de apariciones en los Medios de Comunicaciòn de la palabra eficiencia. Ya se habla, en diarios regionales, de que la privatizaciòn de Codelco “es una medida a favor de la eficiencia” . La balanza del dominio se inclina hacia este dispositivo de manera màs amplificada con el efecto multiplicador de Internet, donde la eficiencia ya ha sido incrustada en la experiencia de los miles de comentaristas en las redes sociales (Facebook, Blog, Twitter, etc.)
Si bien hasta el momento la derecha ha dado inicio a la capitalizaciòn social de este dispositivo, la perspectiva del post esctruturalismo foucaultiano nos permite encontrar algunas luces al final del tùnel, como el “principio de reinversiòn” de todo ordenamiento discursivo. Aquì entran en juego las operaciones de deconstrucciòn expuestas por G. Deleuze en el anàlisis de los esquemas foucaultianos. Esto significa que cada discurso enmarcado en un regìmen de enunciaciòn desde el Estado puede ser contrarestado por otros actores en los espacios de circulaciòn, oponièndo otros dispositivos en el campo de juego. Dichos actores presentan un caràcter interdisciplinario que aprovechan “pragmàtica de lo mùltiple” que entrega la epistemologìa de Foucault, por lo que nada està perdido en el juego de las relaciones discursivas. La tarea dependerà de la creaciòn de otros dispositivos en los espacios empìricos de la ciudadanìa, reinvirtiendo el alcance del concepto de la eficiencia para vincularlo con la cooperaciòn en el ejercicio de las polìticas pùblicas. Y, en este caso, las organizaciones ciudadanas de la sociedad civil deben ir a buscar la pelota al àrea rival.

24/01/10

La entronizaciòn del pseudocarisma en Chile

 

No deja de llamar la atenciòn el motivo por el cual el candidato de la derecha, Sebastiàn Pinera, cuenta con el potencial màs alto para ser el pròximo Presidente de Chile. Y es que hasta el momento, todo parece indicar que es la personalidad de la persona a entronizarse por sobre sus propuestas programàticas. Tampoco es casual, siguiendo esta lìnea argumentativa, que la Presidente Bachelet tenga una aprobaciòn del 80% de la poblaciòn, mientras que el candidato de su bloque polìtico haya obtenido un escuàlido 29% de aprobaciòn popular. Ello nos lleva a preguntarnos de què modo se trata y entiende el carisma del liderazgo polìtico en el paìs, particularmente en estas elecciones presidenciales.

Para reconocer el tipo de carisma que opera en el proceso polìtico-electoral del paìs en los ùltimos diez anos, es necesario superar la banalizaciòn  que  ha sufrido el concepto por parte del tratamiento mediàtico. De acuerdo a los significados producidos por la Prensa y los Mass Media, actualmente el carisma es interpretado como algo “popular”, “atractivo”, o una simple “cuestiòn de chispa” o espontaneidad de un determinado personaje pùblico.

“Sebastiàn Pinera es el candidato que tiene 100% de carisma”; “ME-O tiene el carisma de su padre”; “Menos carisma que Frei”. Asì se han resumido las caracterìsticas de cada candidato: sobre la base del carisma, pero la verdad es que este concepto guarda un significado màs profundo y complejo en el marco de los procesos electorales, el comportamiento de los votantes y la Comunicaciòn Social.

Còmo debemos entender la relaciòn entre el carisma y el liderazgo polìtico? En primer lugar, ambos tèrminos presentan una frontera bastante estrecha. El carisma polìtico se entiende como aquel aspecto del liderazgo que apela a las emociones y sentimientos, cuyo principal producto es la valoración que ejercen los seguidores del líder, atributo que sintetizan en la idea de una “posesiòn de un aura”.

 

Cuando hablamos del carisma como el resultado de un proceso racional elaborado por un grupo especializado con fines polìticos-comunicativos, estamos en presencia del actual construcciòn carismàtca presente en Chile. Para descifrar còmo funciona este proceso tomaremos los casos del candidato de la “Alianza Por el Cambio”, Sebastiàn Pinera, y del cancidato independiente de centro izquierda, Marco Enrìquez Ominami, en menor medida. No tomaremos el caso del candidato de la Concertaciòn Eduardo, Frei, simplemente porque no aporta elementos importantes para el anàlisis. En este caso, utilizamos la frase popular escuchada en estas elecciones: “tiene menos carisma que Frei”.

La Teorìa Social reconoce a la obra de Max Weber como el punto de partida para comprender el carisma polìtico en un sentido clàsico. Esta cualidad encuentra sus raìces en lo religioso, por lo que Weber la define como “la cualidad extraordinaria de una personalidad “, con rasgos “extracotidianos” que no son accesibles para el comùn de las personas y, asì, pasa a ser un lìder o un guìa. La idea del dominio inherente a esta definiciòn posteriormente fue ampliada, derivando hacia una nueva concepciòn en la modernidad avanzada: “la manufactura del carisma”, como lo sostiene Salvador Giner (1990-1992).

En concepto del carisma en la modernidad se identifica con la producciòn mediàtica, por lo que elimina su caràcter genuino apuntado por Weber para transformarse en un montaje artificial. Ello se conoce como “pseudocarisma”: En vez de los atributos personales innatos que el lìder clàsico compartìa con sus seguidores, actualmente predomina la fabricaciòn y la escenificaciòn de los atributos por parte de un grupo de especialistas encargados de proyectar el carisma polìtico a travès de los Medios de Comunicaciòn. La reconstrucciòn del liderazgo carismàtico por asesores de imàgenes prentende limar los rasgos potencialmente negativos de cada candidato y, de paso, potenciar aquellos rasgos considerados exrtraordinarios y genuinos.

Asì, podemos observar còmo la figura de Marco Enrìquez Ominami sufriò un progresivo lavado de imàgen en cuanto a los aspectos màs rechazados por el electorado. Este candidato tuvo que desvincularse de sus anteriores declaraciones de vida que decìan relaciòn con el consumo de droga y de su imagen de “enfant terrible”, para remodelarse en un cuadro màs moderado hacia el electorado. En su caso, el carisma genuino de juventud fue absorbido por el proceso del pseudocarisma con el objetivo de presentarlo como un candidato moderado de la alternancia progresista. De todas formas, el maquillaje mediàtico, reflejado en la fabricaciòn y escenificaciòn de romper los esquemas tradicionales de la Centro Izquierda le permitiò llegar a un 20% de las preferencias, sin que los candidatos detràs de su candidatura lograran obtener un cupo en el Congreso. Ello demuestra lel impacto del pseudocarisma moderno que se concentra en la fuente emisora y no un mensaje integral de mediano y largo plazo

El liderazgo carismático se establece mediante apelaciones al electorado, bàsicamente a partir de la exposiciòn televisiva. En este marco, el candidato ofrece un set de consignas a su electorado para conseguir credibilidad política mediante un proceso de maquillaje, montaje y producciòn de la imagen. En su obra “los fabricantes de imàgen y los Mass Media” (1976), Dan Nimmo explica el principal rol de los asesores de imàgen: descubrir y agregar las cualidades del lìder polìtico que respondan a las expectativas de los electores.

Aquì entra en operaciones el pseudocarisma en funciòn del liderazgo que se ofrece mediàticamente. El moderno carisma polìtico, por ende, se concentra  en representar, canalizar y gestionar los intereses materiales, el acceso a los recursos, la consecusiòn de posiciones de prestigio y la aceptaciòn social que buscan individuos o y/o grupos en la sociedad. Esto permite que el lìder carismàtico, para mantenerse como tal, deba mantener constantemente un discurso reivindicativo presentàndose innovador y creativo, difundiendo la esperanza de cambio y de mejorìas. En otras palabras, la ampliaciòn del concepto weberiano del carisma se manifiesta en situaciones extremas (como son las elecciones presidenciales en un sistema democràtico) que son planificadas y orientadas para generar un panorama de cambio social.

Estos antecedentes teòricos toman cuerpo en la candidatura de Sebastiàn Pinera a partir de la entronizaciòn de un discurso reivindicacionista, manipulando discursivamente los intereses materiales y simbòlicos del electorado, mediante la oferta de una mayor eficiencia en la administraciòn del modelo de economìa abierta. Para ello, la estrategia seudocarismàtica ha limado las asperezas doctrinarias de la Derecha contra el Estado benefactor. Pinera ha dejado en un segundo plano su ideologìa de reducir la asistencia social pùblica, prometièndo mantener lo obrado por la Centro Izquierda en esta materia, pero dejando la puerta entre abierta: aùn no especìfica de què modo “dejarà lo bueno y sacarà lo malo” del anterior modelo. De ahì la importancia de enfatizar sòlo la esperanza de cambio (...)”necesitamos un verdadero renacimiento que nos libere de este estado de letargo que parece invadirnos y que, al contrario, desate las fuerzas de la libertad, la creatividad y el emprendimiento, ubicàndonos en la ruta del emprendimiento y la prospèridad”.

Aquì la dramatizaciòn discursiva esconde la estrategia del pseudocarisma moderno. Se promete el panorama de cambio social, desatando una serie de conceptos simbòlicos (libertad, creatividad, emprendimiento) con alta aceptaciòn social. Sin embargo, nuevamente la ideologìa subyacente al discurso es camuflada por el discurso reivindicacionista: La abstracciòn de desatar las fuerzas de la iniciativa privada esconde un elemento que, en esta etapa electoral, Pinera no menciona: “desatar” pasa por reducir las regulaciones del aparato pùblico. Es decir, la funciòn del carisma cumple su objetivo de manejarse como un agente simbòlico de cambio.

Considerando que los ciudadanos votantes juzgan a los candidatos de acuerdo al trabajo que han realizado previamente -ya sea en la empresa privado o en el sector público-, una de las claves del triunfo electoral pasa por posicionarse en una señal de identidad, un símbolo social. La idea detràs de la oferta simbòlica pinerista es que el electorado se perciba representado, identificado con el líder y, por lo tanto, pueda confiar en él; èste debe poseer una imagen y actitudes con las que los votantes se identifiquen y cuyos actos puedan comprender. La carrera pseudocarismàtica entre Pinera y Enrìquez Ominami fue ganada por el primero, debido –en parte- al afàn que mostrò el segundo por competir con el candidato que menos carisma presenta en estas elecciones (Frei). 

La comprensiòn de electorado hace necesaria la presentación dramatúrgica de los líderes, particularmente a travès de sus éxitos o de los fracasos de sus contrincantes con el propòsito de personificar el sistema. En el caso chileno, Sebastiàn Pinera enfatiza en mostrar el fracaso en la administraciòn del modelo por parte de la Concertaciòn. Su presentaciòn carismàtica es la màs sujeta a la estrategia del heroìsmo individualista: apelar a los intereses materiales e ideales del electorado (màs riqueza, seguridad social y menos corrupciòn e ineficiencia en la administraciòn pùblica). Estas ideas anclas son la plataforma del discurso electoral del candidato derechista que, de acuerdo a las intenciones de voto que exhibe, ha logrado depositar la simbologìa del Mèsias civil en condiciones de mostrar un discernimiento superior a los demàs candidatos en lo que se refiere a decisiones econòmicas y/o actitudes polìticas. Para que el líder político pueda desarrollar esta rol, a travès de una metodologìa estàndar -basada en el estudio de la opiniòn pùblica, prueba de audiencia y la producciòn de sìmbolos y slogans-, es requisito que sus seguidores depositen en él su confianza. En este sentido, el carisma pasa a ser un sinónimo de confianza en el líder.

El actuar del lìder carismàtico moderno, de este modo, se concentra en la capacidad de ofrecer modernizaciòn y transformar el estado actual de la sociedad, aunque èsta se encuentre en mejores condiciones respecto al pasado. El andamiaje del pseudocarisma pretende vincular el modelo de la organizaciòn racional de la empresa con la actividad polìtica, y la comunicaciòn mediàtica con el uso del marketing proselitista, tal como lo plantea Schumpeter en el sentido de que el político se comporta en la competición electoral igual que el empresario en el mercado. En este sentido, Pinera enfatiza su experiencia de emprendedor y, en màs de una ocasiòn, ha establecido la analogìa de que un paìs “es una gran empresa”.

Aunque el pseudocarisma es el resultado de una decisiòn tomada formalmente por la dirigencia polìtico-partidista o por buròcratas racionales del àmbito privado, la maquinaria de los partidos modernos ha llevado a revalorizar el carisma individual del lìder, pese a que ello suponga una oposiciòn con el aparataje de las colectividades. Ejemplo de ello ha sido la tensiòn creada por Pinera con sus socios polìticos conservadores de la UDI, en su propuesta de legislar sobre el matrimonio homosexual. Durante el perìodo electoral, la dirigencia del partido gremialista no ha subido el tono de su rechazo a esta medida, debido a que la prioridad es la estrategia de cambio acordada por los equipos asesores de Pinera.

Finalmente, la evoluciòn del concepto de carimas polìtico moderno muestra un elemento relativamente estàtico que huye al encasillamiento: El hecho de contar con una estrategia cuidadosamente preparada no es sinònimo de que el pseudocarisma sea planificable o previsible en el tiempo. Funciona como un petardo que se apaga al final de las elecciones, para ser nuevamente pensado y elaborado el dìa despuès. Es decir, el concepto se enmarca en las dinàmicas producidas por las transformaciones culturales y socioeconòmicas de la sociedad en la cual se presenta la figura pseudocarismàtica. Esta es una de las principales interrogantes que plantea la candidatura de la Derecha, por cuanto el discurso pinerista aùn debe pasar por otra fase de refinamiento. La razòn? La Derecha chilena todavìa no muestra un desapego de fondo a su ADN doctrinario: menor participaciòn del Estado en materia social, menor regulaciòn del mercado y una mayor liberalizaciòn de las relaciones econòmicas a nivel microeconòmico y laboral que no menciona los potenciales impactos de estas ideas sobre la sociedad civil.

Esto nos lleva a reflexionar acerca de la retroalimentaciòn entre las transformaciones sociales y culturales vividas por el paìs y la emergencia de este pseudocarimas en las presentes elecciones. Y es que se ha generado un desplazo desde los conceptos de igualdad y de equidad que determinaron los resultados de las anteriores confrontaciones polìtico-electorales, hacia el nuevo eje de la racionalidad, la eficiencia y la libertad. Serà que la discusiòn valòrica de la economìa ciudadana ya ha pasado completamente a la hegemonìa de la derecha?

Tiene una respuesta la RSC al informe de Transparencia Internacional?

Uno de los principales elementos del discurso utilizado en la presente campana electoral para la Presidencia del paìs se centra en el fenòmeno de la corrupciòn y la falta de transparencia. Todavìa podemos hablar de fenòmeno y no de una base social consolidada en la sociedad chilena, aunque no podemos desconocer un aumento persistente de acciones èticamente reprochables, tanto en el sector pùblico como en el privado.

El ùltimo informe del capìtulo chileno de Transparencia internacional habla claro: Chile se ha empantanado en su lucha contra la corrupciòn, retrocediendo del puesto 19 al 25 en cinco anos. La tendencia descendente  permite que el paìs ahora comparte el primer lugar junto a Uruguay, como las sociedades màs transparentes de Amèrica Latina. Entre las principales causas del retroceso en los ùltimos tres anos se mencionan los bullados casos que involucran a directivos de instituciones pùblicas y algunas pràcticas en el sector privado. En el primer àmbito, la falta de transparencia es agravada por la lògica aplicada por la clase polìtica (gobierno y oposiciòn) que se inserta en un lògica de acusaciones mutuas donde dificìlmente se establecen soluciones estructurales al problema.

En el segundo sector, el informe nos dice claramente: “La transparencia empresarial no ha logrado tpdavìa constituirse en un àmbito de acciòn relevante de la forma de hacer negocios del sector privado”. Y agrega: “Al igual que en el sector privado, la sociedad civil todavìa no asume adecuadamente el desafìo de incrementar los niveles de transparencia en su gestòn”.

Puestas asì las cosas, las conclusiones del informe para Chile nos llevan a reflexionar en torno apuntan a dos aspectos que estàn intimamente ligados a la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), en general, y al Balance Social, en particular. Dentro de las soluciones propuestas en el campo institucional y regulativo, se propone “incrementar los niveles de transparencia en la gestiòn de las empresas pùblicas privadas”. La idea puede ser considerada extremadamente abstracta, pero no es despreciable si la relacionamos con la funciòn del Balance Social, como instrumento clave de la RSC.

La elaboraciòn del Balance Social supone una nueva forma de innovaciòn en la gestiòn de las organizaciones. Su objetivo es hacer màs accesible, transparente y, por ende, valorable la acciòn pùblica realizada por las empresas, organismos estatales y organizaciones civiles. Pocos saben que la implementaciòn de este documento permite perfeccionar la toma de decisiones de cada organizaciòn, ofreciendo la posibilidad de que el mundo exterior evalùe las opciones realizadas al interior y asì crear una retroalimentaciòn permanente entre la organizaciòn y los portadores de intereses de èsta.

En otras palabras, a diferencia de la rigìdez del clàsico balance de contabilidad econòmico-financiera, el Balance Social implica una rendiciòn de cuentas màs profunda que puede ser enriquecida anualmente por los actores que se ven impactados por las acciones de cada organizaciòn, ya sea pùblica o privada. Al establecer una dinàmica de este tipo gradualmente se reducen los dèficit de comprensiòn entre los diversos stakeholders y la organizaciòn que realiza el documento. El principal resultado en la reducciòn de este dèficit es el incremento de la transparencia.

Esta herramienta de la RSC es tambièn multidimensional y flexibile. Puede ser enfocada para responder exclusivamente a problemas de transparencia. Por ejemplo en Europa tenemos el ejemplo del Consejo Nacional de Contadores Auditores en Italia que ha desarrollado el mètodo del Balance Social para la creaciòn de un “Programa de Lìneas Guìa en la valoraciòn de la Responsabilidad y Transparencia”, a travès de encuestas a sus usuarios (personas naturales y empresas) con el fin de que los actores de este sector puedan desarrollar un sistema propio de control externo a la organizaciòn. Dentro de este modelo se clarifica el objetivo de las indicaciones dadas por los encuestados “sean ùtiles para que los contadores tengan un referimiento concreto de còmo deben desenvolverse en sus juicios profesionales”. Podemos imaginar que efectos tendrìa una medida de este tipo si fuese aplicada por una empresa, un Ministerio o Servicio Pùblico, una ONG o una Fundaciòn social.

Muchas veces se complejiza en extremo la relaciòn entre los objetivos de cada organizaciòn con el pùblico en general y se piensa que la soluciòn inmediata sea establecer una campana comunicacional de buenas pràacticas sociales, cuando la principal caracterìstica de este proceso informativo es que caduca ràpidamente en la memoria del pùblico al cual se desea llegar, con lo cual la pretendida mayor transparencia terminan siendo archivada en el baùl de los recuerdos. Sin embargo, la realizaciòn de una metodologìa interactiva entre una organizaciòn y sus usuarios supone una fase programàtica, en que se definen los objetivos; de presentaciòn de las opciones que la organizaciòn desea hacer (empresa, administraciòn pùblica o fundaciones); una fase consultiva a los potenciales afectados por la labor operativa de la organizaciòn, y una etapa expositiva donde se muestran las cosas que se han hecho.

La misma soluciòn no cambia sus condiciones para el mundo privado. En su informe “Corrupciòn y Sector Privado”, Transparencia Internacional descata la necesidad de construir sistemas predecibles para el futuro de las empresas -o gobiernos y organizaciones civiles- a partir de factores de control como la rendiciòn de cuentas. Justamente, el concepto de “integridad corporativa” planteado por el organismo internacional se fusiona con la razòn de vida de la RSC y, actualmente, el principal instrumento de èsta para avanzar hacia una mayor integridad es el Balance Social. Ello, porque no sòlo considera los ingresos y la rentabilidad de una empresa como los elementos constitutivos de la actividad, sino que busca la interacciòn con los potenciales afectados por las pràcticas corruptivas. Dicho de otro modo, el principal ingrediente del Balance Social es la la integridad como eje de las operaciones organizacionales.

Afortunadamente el Balance Social no requiere del apoyo legislativo, por lo que cada organizaciòn del sector privado puede dar un paso concreto para incrementar los niveles de transparencia de modo eficiente, sin caer en el inmovilismo de la clase polìtica respecto al tema. En lo que respecta al Poder Pùblico, es necesario dar un acto de voluntad real, instaurando obligatoriamente el Balance Social en los servicios pùblicos y en la administraciòn estatal. Esta es la propuesta màs concreta que podrìan realizar los sostenedores de la RSC en el paìs.

27/10/09

Libertad de prensa y transparencia: una peligrosa disgregaciòn persiste en Chile

El descenso de algunos abusos de autoridad y otros intentos de censura, aparentemente, son los principales motivos que le permitieron a Chile subir siete puestos en la clasificaciòn mundial de la libertad de prensa, al pasar del lugar nùmero 56 del ano pasado al 40 durante el presente ano, de acuerdo al ranking elaborado por la organizaciòn internacional Reporteros Sin Frontera (RSF). Sin embargo, la nueva posiciòn no constituye un alivio para la pesada carga que debe soportar el proceso socio-comunicacional en nuestro paìs, ya que el mejoramiento en el ranking responde a situaciones puntuales y no estructurales.

Si observamos la clasificaciòn a nivel latinoamericano este ano Chile se ubicò en el tercer lugar, despuès de Uruguay y Costa Rica. Ambos paìses obtuvieron un mayor avance debido -segùn RSF- al fuerte acostumbramiento al pluralismo y a la democratizaciòn de sus respectivos mercados informativos. Como sabemos, estos dos aspectos no se desenvuelven sostenidamente en la realidad informativa nacional. La falta de pluralismo queda manifestada en la hegemonìa del duopolio El Mercurio-Copesa que concentran casi todo el mercado del avisaje pùblico y privado del mercado.

Esta situaciòn genera una reducciòn en la oferta y diversificaciòn mediàtica. Desde el punto de vista polìtico-social, genera un grado de libertad altamente relativo para los periodistas que estàn sujetos a la lìnea editorial del medio, el que -a su vez- debe responder a la lìnea ideològica de sus propietarios, con lo cual podemos hablar de una libertad de prensa subordinada a intereses y compromisos bastante delimitados. 

Un cuadro de este tipo representa una amenaza latente para el desarrollo de la cultura de la transparencia en las acciones pùblicas, tanto aquellas provenientes del Estado como las del sector privado. Justamente, mientras el paìs presenta una ascensiòn en la libertad de prensa, paralelamente viene bajando su posiciòn en materia de combate a la corrupciòn, segùn el ranking anual de Transparency International. Acaso podemos hablar de una contradicciòn entre el mejoramiento de la libertad de prensa y el empeoramiento de la transparencia, de acuerdo a sus rankings mundiales?. Para intentar zanjar esta disyuntiva nos concentraremos en los criterios utilizados por RSF y Transparency para estructurar sus respectivas clasificaciones.

El criterio de la primera organizaciòn es estudiar el grado de libertad de los periodistas y los medios de comunicaciòn mediante un cuestionario entregado a organizaciones colaboradores con RSF y a su Red de corresponsales, a partir del cual se elabora un promedio nùmerico y una posiciòn. Tanto el promedio como la posiciòn pueden cambiar o mantenerse sin alteraciones de un ano a otro, sobre la base de las pràcticas, omisiones o leyes que se realicen al interior de cada paìs en torno al trabajo periodìstico y comunicacional. Ello significa que un paìs puede aumentar posiciones sin haber hecho grandes cambios en esta materia, sino que simplemente su mejor resultado se debe a lo mal que lo han hecho otros paìses. Bajo esta lògica, el mejoramiento chileno en libertad de prensa no es un signo de alivio pues, si consideramos los criterios que evalùa RSF, veremos que aùn queda mucho por hacer.

Uno de los elementos utilizados para estructurar la clasificaciòn mundial hace referencia a la autocensura existente en cada paìs, la capacidad crìtica de la labor periodìstica, las presiones econòmicas a las lìneas editoriales y el marco jurìdico para el sector, ademàs del nivel de independencia de los medios pùblicos. No es un misterio que las pràcticas de autocensura en nuestra paìs son encubieras cotidianamente por la lìnea editorial de los medios, segùn el orientamiento de los propietarios. Por ejemplo, es imposible que El Mercurio publique investigaciones acerca de la participaciòn de la familia Edwards en la dictadura o còmo el Estado de aquella època salvò financieramente al “decano” informativo. Lo mismo es impensable para la Tercera y una hipotètica investigaciòn sobre los orìgenes de la fortuna del propietario de Copesa, Alvaro Saieh; que el diario Estrategia indague sobre el uso de informaciòn privilegiada en la compra de acciones realizada por su propietario y director, el abogado Vìctor Manuel Ojeda, a partir de reportajes publicados por su propio medio. Incluso, no es tampoco un secreto que este medio y su directo competidor, Diario Financiero, dificìlmente publicaràn informaciones crìticas al modelo de polìtica econòmica que funciona en el paìs. En los mass media de propiedad privada, la concentraciòn en el sector es una de las principales fuentes para la costumbre de autocensurar cierto tipo de informaciones.

Aunque no presenta problemas condicionados por las condiciones econòmicas, el caso del diario La Naciòn resulta  emblemàtico pues, al estar sujeto al control del gobierno de turno, constituye un claro de ejemplo de una autocensura inducida por las autoridades de la Secretarìa General de Gobierno. El clamoroso caso del Indap que produjo la renuncia del director del diario de aquella època, Alberto Luengo, por las presiones polìtico-partidista de las autoridades lo demuestra. En el caso de los medios de comunicaciòn del Estado se ha pasado de la censura directa del règimen militar a una censura disfrazada por parte del poder polìtico de turno  que induce a la autocensura editorial.

Tanto en el sector privado como en el pùblico estas dos formas de restricciòn al libre ejercicio de la prensa muestran una relaciòn ambivalente, ya que por una parte presenciamos a un sector pùblico sometido a un constante fiscalizaciòn mediàtica por parte de la mayorìa de los medios de informaciòn pertenecientes al establishment de la Oposiciòn polìtica, lo que es bastante sano para el libre ejercicio de la prensa. Pero, en este sentido, los mismos investigadores tiene las manos cercenadas para indagar acerca de las irregularidades que se generan en el sector privado, especialmente cuando involucran a las grandes empresas estratègicas que dominan el mercado publicitario en el paìs. La situaciòn se repite inversamente cuando el sector privado es puesto bajo la lupa por el ùnico diario perteneciente al Estado, La Naciòn, el cual -a su vez- se ve limitado a indagar acerca de las irregularidades dentro del sector pùblico. La ambiguedad dentro de la conformaciòn del mercado informativo es tambièn el resultado de la coexistencia de dos visiones de la sociedad a partir de la producciòn informativa y que aùn no ha sido completamente superada por la emergencia de otros medios de comunicaciòn con un sesgo màs independiente de estos dos bloques.

Como lo afirma el director ejecutivo del Comitè Mundial para la Libertad de Prensa, Mark Bench, la autocensura es la mayor restricciòn al libre ejercicio informativo, ya que el pùblico no entiende el motivo por el cual se manifiesta. Existe ademàs el riesgo latente de ser vìctima de las denominadas “leyes de desacato” cuando el medio no puede hablar de que “el Rey (el sector privado o el Estado) no se ve bien”.   

Esta caracterìstica estructural de la realidad informativa constituye tambièn una amenaza para la pretendida cultura de la transparencia que se han propuesto los responsables del capìtulo chileno de Transparency international, debido a que la lucha a la corrupciòn actualmente se considera sòlo desde el punto de vista de la organizaciòn, implementaciòn y coordinaciòn de las polìticas pùblicas, sin considerar el rol de contralorìa externa que debe ejercer la prensa. Es decir, presenciamos el predominio de un modelo de control guiado por una lògica tecno-burocràtica, que tambièn es desarrollada en el sector privado, donde estas pràcticas de autocontrol tienden a ser màs diluidas. Bajo este tipo de contralorìa surge el rol del Departamento de Comunicaciones Corporativa que se enfoca a limitar el acceso a la informaciòn.

El problema es que, de esta forma,  la transparencia se enfoca exclusivamente desde una perspectiva de ingenierìa pùblica que deja de lado las funciones de control pùblico ejercitadas por la prensa. Justamente este tipo de enfoque es uno de los motivos que pueden explicar el aumento de los casos de corrupciòn en el sector pùblico. Asì no es una novedad el hecho de que el paìs se haya estancando en materia de transparencia en los ùltimos diez anos, donde hemos bajado del 19 al 23 puesto en tal perìodo.

Lamentablemente en sus propuestas para avanzar hacia una mayor cultura de lucha a la corrupciòn, el capìtulo chileno de Transparencia Internacional, menciona una serie de puntos concentrados en el perfeccionamiento de la estructura y la gestiòn pùblica, pero sin tocar el papel que juegan los medios de comunicaciòn y el libre ejercicio de la prensa para coadyuvar en la superaciòn del problema.

Si bien el ranking de RSF puede reflejar  un mejoramiento en la libertad de prensa de un ano a otro, y viceversa, ello no significa una constancia que permanezca en el tiempo debido a la restricciones estructurales creadas por las actuales condiciones del mercado informativo, lo cual tambièn influye en la persistente emergencia de casos de corrupciòn en el paìs. Ello, porque aùn no se valora el hecho de que una verdader independencia en el ejercicio de la prensa y la cultura de la transparencia son dos variables que no deben estar separadas.